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Decoración

Los tejidos en la decoración (II)

Tapicerías: telas gruesas
Si con las cortinas y visillos buscamos telas finas que aporten ligereza, con los tejidos de las tapicerías lo que se pretende es vestir de resistencia los elementos que van a ser tapizados. Butacas, sofás, sillas, sillones, cabeceros o cojines estarán continuamente sometidos al paso de diferentes personas mientras que las cortinas sólo son removidas un par de veces al día; por eso tenemos que elegir telas gruesas, con un tinte sólido, resistentes al roce, preferiblemente lavables y, como se dice popularmente, más 'sufridas'.

El jacquard es la tela para tapizar más tradicional. Desde siempre, ha demostrado su gran adaptabilidad y resistencia. Si queremos asegurar buenos resultados y evitar el temido efecto 'piling' (especie de bolitas que aparecen con el roce), el jacquard es una opción segura. Otras telas muy empleadas en el arte del tapizado son el otomán, el alcántara, la loneta o el piqué. Por otro lado, el algodón o la mezcla de éste con otros sintéticos está teniendo hoy en día un gran empuje dentro del tapizado. También podemos elegir para tapizar pequeñas piezas la chenilla o el terciopelo, pero habrá que estar más pendiente de su cuidado.

Los colores de las telas
Además del material, otro de los aspectos que tendrás que cuidar a la hora de seleccionar las telas será la tonalidad de las mismas. De todos es conocida la fuerza del color y su lenguaje. Dependiendo de la gama tonal que más nos guste, dotaremos al ambiente de unas connotaciones u otras. Los colores se organizan en dos grandes grupos: los fríos y los calientes. Todo lo que apunte al azul estará colocado en el grupo de los fríos mientras que los cercanos al rojo, estarán en los calientes.

Es común pensar que los tonos fríos no dan calidez a un ambiente. Nada más lejos de la realidad, puesto que el azul es sinónimo de tranquilidad y sosiego. En este sentido, los que se decidan a teñir de rojo toda la casa no conseguirán darle a las habitaciones un toque más acogedor, sino estar todo el día nerviosos debido al poder estimulante de los tonos cálidos. Como siempre, lo ideal es el equilibrio.

Cuanto más claras sean las telas mayor será la sensación de luminosidad. Es por ello que los visillos suelen acercarse a los amarillos tenues o al beige, pero también podemos optar por azules, verdes, grises, naranjas o rosas, siempre que estén desaturados y dejen pasar la luz. Para crear contraste, nada mejor que elegir un sillón con un estampado llamativo, a cuadros o con motivos florales. Igualmente válida es la elección inversa: elegir unas cortinas de tonos vivos o con bordados y de material vaporoso y tapizar los sofás con una tela gruesa monocolor.

 

 

 

 

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